Un recorrido por los grandes yacimientos arqueológicos de Mallorca, Menorca e Ibiza
Mucho antes de que las playas de las Baleares se convirtieran en sinónimo de verano mediterráneo, estas islas ya acumulaban siglos de historia. Fenicios, romanos, talayóticos, cartagineses: decenas de civilizaciones dejaron su huella en la piedra caliza del archipiélago. Hoy, más de 1.500 yacimientos arqueológicos distribuidos entre Mallorca, Menorca e Ibiza convierten al archipiélago en uno de los museos al aire libre más extraordinarios de Europa.
Menorca
Es la isla que más sorprende al visitante con vocación arqueológica. Su paisaje interior está jalonado de talaiots, taulas y navetes, construcciones megalíticas levantadas hace más de tres mil años con bloques de piedra de varios toneladas que parecen desafiar la lógica del tiempo. La cultura talayótica menorquina es tan singular y bien conservada que su candidatura a Patrimonio Mundial de la UNESCO lleva años avanzando posiciones.
La naveta dels Tudons, cerca de Ciutadella, es el monumento funerario prehistórico mejor conservado de las Baleares: una cámara colectiva con forma de nave invertida que data del 1200 a.C. aproximadamente. No menos impresionante es el poblado de Talatí de Dalt, donde una columna de apoyo se apoya naturalmente contra la taula central en un equilibrio que lleva milenios intacto. En la zona de levante, el yacimiento de Trepucó alberga una de las taulas más grandes de la isla, rodeada de un recinto de piedra ciclópea.
«Las piedras de Menorca no son ruinas. Son un idioma que todavía no hemos terminado de descifrar.»
Mallorca
La isla mayor del archipiélago conserva una doble capa arqueológica de gran valor: la prehistórica, con sus característicos talaiots, y la romana, visible en el enclave de Pollentia. Los talaiots son torres cónicas de piedra seca que funcionaban como centros de poder y vigilancia en los poblados de la Edad del Bronce y del Hierro.
Capocorb Vell, en el municipio de Llucmajor, es el conjunto talayótico más impresionante de la isla: cinco talaiots y más de veintiocho recintos de habitación, todo ello rodeado de una muralla ciclópea. En el nordeste, la antigua ciudad romana de Pollentia —hoy en Alcúdia— ofrece una visión extraordinaria de la vida urbana de los siglos I y II d.C., con su foro, sus domus y un pequeño teatro. Y en el municipio de Artà, el poblado de Ses Païsses destaca por su imponente portal de entrada monolítico, uno de los mejor conservados del Mediterráneo occidental.
Ibiza
Ibiza tiene una identidad arqueológica propia y distinta: la huella fenicia y cartaginesa. La isla fue colonizada por navegantes fenicios hacia el siglo VII a.C. y se convirtió en un enclave comercial y religioso de primer orden en el Mediterráneo antiguo. Esta herencia es Patrimonio Mundial de la UNESCO desde el año 1999.
El yacimiento más importante de la isla —y uno de los más relevantes del Mediterráneo occidental— es la necrópolis del Puig dels Molins: un cementerio subterráneo de época púnica con más de tres mil hipogeos excavados en la roca, acompañado de un excelente museo monográfico. En el otro extremo de la isla, el poblat fenici de Sa Caleta conserva los restos del primer asentamiento fenicio de las Baleares, fundado hacia el 650 a.C. Y en lo alto de la ciudad histórica, el recinto amurallado de Dalt Vila —también Patrimonio Mundial— alberga estratos arqueológicos que van desde la Edad del Hierro hasta la época medieval.
Visitar estos yacimientos no requiere ser especialista ni llevar mochila de expedición. La mayoría dispone de acceso libre o de bajo coste, señalización en varios idiomas y, en muchos casos, museos o centros de interpretación adyacentes que contextualizan lo que se ve sobre el terreno. Una tarde en cualquiera de estos lugares ofrece algo que pocas actividades turísticas pueden garantizar: la sensación genuina de estar pisando la misma tierra que pisaron otras personas hace tres mil años.
Las Baleares no empiezan en el aeropuerto. Pero sí es allí donde comienza la aventura. Solo hace falta un vuelo.
